Cubiertas & azoteas

 

   

En las azoteas o cubiertas planas, es fundamental que la pendiente de los tramos que la componen, sea suficiente para evacuar el agua a los sumideros. Un fallo frecuente es que no tenga la pendiente necesaria o que el sumidero o desagüe quede ligeramente a un nivel superior (por fallo de ejecución) , y causa filtraciones simplemente por este error.
Por tanto, para una correcta evacuación del agua, debemos previamente conformar una capa de hormigón que tenga la pendiente mínima adecuada, hacia la recogida de agua.
Sobre ella, colocaremos el material impermeable, el cual refleja la pendiente de la capa anterior. La lamina impermeable, debe ir protegida de cara a la radiación solar, pues lo degrada en unos años, aunque su apariencia sea correcta. Existen laminas preparadas para estar expuestas, pero otras son para proteger, con un material de acabado: baldosa cerámica, asfalto fundido, en caso de ser transitable, o grava si la azotea no es accesible.
Si incorporamos en el espacio intermedio un aislamiento térmico, tendremos el espacio bajocubierta aislado, con lo cual aprovechamos la renovación de la azotea para mejorar la eficiencia energética del edificio en el cual intervenimos.
Una variante de azotea transitable, con aislamiento térmico incluido, es la baldosa hidrante:
La baldosa se construye en fábrica, y consta de dos capas unidas: grava exterior de dos cm de espesor y aislamiento térmico de 6 cm, todo en una pieza de 60x 60 cm. Su formato permite la colocación a mano de modo sencillo sobre la lámina impermeable, y al estar solapadas unas con otras por sección machihembrada, evitan que se muevan a pesar de estar sin adherirlas al soporte.
Entre las juntas discurre el agua de lluvia, pues estas baldosas no tienen cometido de impermeabilizar, sino de presentar un acabado transitable.


Una cubierta dañada de un edificio, nos puede causar grandes daños si no la reparamos a tiempo. Es importante realizar un mantenimiento adecuado para limpiar canalones, reponer tejas movidas o rotas.
Cuando la reparación puntual no es conveniente, por no garantizar resultados plenamente, se plantea la renovación integral de la cubierta.
Se coloca una lámina impermeable, para garantizar la estanqueidad, y se aprovecha para incorporar un aislamiento térmico, que protege el edificio de la temperatura exterior y mantiene el calor que se genera en el interior, contribuyendo al ahorro energético.
Aunque pueda parecer que solo afecta al último piso, realmente beneficia este aislamiento a todo el inmueble.
El acabado puede ser cerámico, con teja plana o curva, y de pizarra o similar. Cada material de acabado requiere una pendiente de tejado apropiada.

Deben renovarse los canalones y pesebres, pues son elementos muy expuestos a la acción solar que pueden presentar deterioros que no resultan visibles, y afectar a la fachada del inmueble o su interior.
Para renovar el tejado, deben extremarse las medidas de seguridad de los operarios: debemos analizar la conveniencia de colocar andamios en la fachada, o de barandillas en el alero, o utilizar plataformas elevadoras desde la acera para acceder a él, o mediante técnicas verticales. Dependiendo del tipo de trabajo requerido, será mas adecuado uno u otro sistema.

En la acera debemos cuidar que no caigan objetos de la obra, por lo cual se disponen de plataformas de protección: En el caso de precisar andamiaje, se incluye en éste. Pero si no es preciso, la acera debe quedar protegida para que cualquier material que se pueda desprender en fase de obra, no cause daño a las personas que transitan por la acera.


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